Cristo de los Vaqueros de Castilblanco de los Arroyos

Cristo de los Vaqueros de Castilblanco de los Arroyos

✝️ Cristo de los Vaqueros de Castilblanco de los Arroyos

Ignacio Martínez, director de VisitarSevilla.com

👋 Soy Ignacio Martínez, director de VisitarSevilla. Hace poco tuvimos la oportunidad de acercarnos a la ermita de Nuestra Señora de Escardiel, en Castilblanco de los Arroyos, uno de esos lugares sevillanos que me gustan especialmente: dehesa, paisaje, devoción antigua y un patrimonio que todavía conserva algo de secreto.

Y allí encontramos una imagen que no deja indiferente: el Cristo de los Vaqueros, obra documentada de Francisco Antonio Ruiz Gijón en 1677, apenas cinco años anterior al célebre Cachorro de Triana.

Su contemplación produce una sensación compleja. No estamos ante una imagen de superficie brillante ni ante una restauración que haya pretendido devolver artificialmente al Cristo a un supuesto estado de estreno. Al contrario: sus heridas materiales siguen siendo visibles. Y, precisamente por eso, me pareció especialmente hermoso e interesante.

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En este reportaje queremos detenernos no solamente en su autoría y en su relación con Ruiz Gijón, sino también en algo que nos parece especialmente interesante: ¿por qué el Cristo de los Vaqueros presenta hoy ese aspecto tan singular? ¿Está deteriorado? ¿Está inacabado? ¿Debería haberse reconstruido más?

La respuesta nos lleva directamente a uno de los grandes debates actuales sobre conservación del patrimonio: restaurar una obra antigua no significa necesariamente dejarla como nueva.


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🌿 Un Cristo escondido en la dehesa sevillana

La ermita de Nuestra Señora de Escardiel se encuentra en el término de Castilblanco de los Arroyos, en plena Sierra Morena sevillana y rodeada de un paisaje de dehesa que contribuye muchísimo a la personalidad del lugar.

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No es una iglesia monumental situada en una gran plaza de Sevilla ni un espacio por el que pasen miles de turistas cada día. Escardiel pertenece a otro mundo: el de las antiguas devociones rurales, las romerías, los caminos, los ganaderos y una relación muy intensa entre territorio, religiosidad popular e identidad local.

Ese contexto ayuda también a comprender al Cristo de los Vaqueros.

Virgen de Escardiel y Cristo de los Vaqueros de Castilblanco de los Arroyos
Virgen de Escardiel y Cristo de los Vaqueros en Castilblanco de los Arroyos

📜 Una autoría excepcionalmente bien documentada

Aquí tenemos un dato especialmente valioso: la autoría no es simplemente una atribución basada en semejanzas estilísticas.

Se conserva la documentación del encargo.

El 29 de agosto de 1677, la Cofradía de Nuestra Señora de Escardiel contrató con Francisco Antonio Gijón —habitualmente conocido como Francisco Antonio Ruiz Gijón— la ejecución de un crucificado destinado a la ermita.

El contrato especificaba la realización de un Cristo encarnado, de unas cinco cuartas y media de altura, con su correspondiente cruz.

📌 Un dato fundamental: el estudio realizado por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico confirmó la documentación mediante el análisis material, morfológico y estilístico de la escultura. Estamos, por tanto, ante una obra documentada de Ruiz Gijón.


⏳ Una obra juvenil anterior al Cachorro

La fecha tiene una importancia enorme para la historia de la escultura sevillana.

El Cristo de los Vaqueros fue contratado en 1677. El Cristo de la Expiración de Triana, universalmente conocido como el Cachorro, corresponde a 1682.

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Estamos, por tanto, ante un crucificado realizado aproximadamente cinco años antes del Cachorro, cuando Ruiz Gijón se encontraba todavía en una etapa relativamente temprana de su trayectoria.

Y eso hace especialmente apasionante contemplarlo.

No debemos buscar en él una especie de Cachorro en pequeño. Son imágenes diferentes, concebidas en momentos distintos y con planteamientos iconográficos diferentes. Pero el estudio especializado sí detecta recursos formales que posteriormente encontramos desarrollados en el Cristo de la Expiración.

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🔎 Las huellas de Ruiz Gijón

El Cristo de los Vaqueros representa a Cristo muerto en la cruz, sujeto con tres clavos.

Uno de sus rasgos más llamativos es el fuerte descolgamiento del cuerpo. Los brazos quedan casi paralelos, mientras la cabeza cae ligeramente hacia la derecha y la barbilla se aproxima al pecho.

También resulta singular la colocación de los pies, con el derecho montando sobre el empeine izquierdo.

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El estudio anatómico es intenso: músculos en tensión, venas marcadas, costillas señaladas, pecho elevado y vientre hundido. El rostro insiste igualmente en la realidad física de la muerte, con mejillas hundidas y pómulos pronunciados.

👤 Rostro ovalado y alargado, con rasgos muy definidos.
👃 Nariz recta y pómulos salientes.
👁️ Ojos almendrados.
💇 Cabello trabajado mediante largos y finos golpes de gubia.
✝️ Tensión anatómica y acusado descolgamiento que posteriormente alcanzarán una expresión extraordinaria en el Cachorro.

🐂 ¿Por qué se llama Cristo de los Vaqueros?

La advocación es anterior incluso a la escultura que hoy contemplamos.

La documentación demuestra que existió un Cristo de los Vaqueros anterior al realizado por Ruiz Gijón. Un inventario de 1656 menciona ya el altar del Santo Cristo y una documentación de 1659 hace referencia al Cristo que estaba en la ermita de Escardiel y al que llamaban de los “Baqueros”.

Alrededor del nombre existe una tradición popular que lo relaciona con los vaqueros que frecuentaban estas tierras y mantenían una especial devoción hacia el Crucificado, llegando según la tradición a ofrecer aceite para la lámpara de la imagen.

El estudio histórico del IAPH plantea además otra posibilidad relacionada con el término baquero, nombre de una antigua prenda de vestir. No existe, por tanto, una explicación absolutamente cerrada sobre el origen del nombre.

🐂 Tradición y documentación: la vinculación popular con los vaqueros forma parte de la memoria de Escardiel, mientras que la investigación histórica mantiene abiertas otras posibilidades sobre el origen exacto de la advocación.


🕰️ Una historia material tremendamente accidentada

Para comprender cómo vemos hoy al Cristo hay que conocer también lo que le ocurrió durante más de tres siglos.

La imagen vivió cambios de ubicación, periodos de abandono, intervenciones y circunstancias históricas muy difíciles.

Durante el siglo XX su trayectoria fue especialmente complicada. En 1931, ante la situación política y el temor por la seguridad de la ermita, fue trasladado y depositado en dependencias de la parroquia.

A comienzos de la década de 1960 el Cristo fue incluso sustraído de la ermita, en un momento de decaimiento de la cofradía. Pasó por Cazalla de la Sierra y posteriormente por la parroquia de San Lucas Evangelista, en Santa Aurelia, Sevilla.

Finalmente, en 1996, la Hermandad consiguió recuperarlo.

Para entonces, el Cristo había sufrido enormemente.


🎨 La intervención que llegó a cambiar la expresión del Cristo

Uno de los episodios más llamativos de su historia material ocurrió aproximadamente durante los años sesenta.

La escultura fue repolicromada y aquella actuación llegó a transformar incluso su lectura iconográfica.

El Cristo concebido por Ruiz Gijón era un Cristo muerto. Sin embargo, en aquella intervención se le pintaron los ojos abiertos, convirtiéndolo visualmente en un Cristo vivo.

También se añadieron heridas con una presencia muy intensa de sangre y se reconstruyeron determinadas pérdidas utilizando abundante yeso.

El problema no era solamente estético. Aquellos añadidos ocultaban volúmenes y detalles originales de la talla y, en algunas zonas, modificaban las formas ideadas por Ruiz Gijón.


🦠 Hongos, humedad y pérdidas de madera

Cuando la imagen fue estudiada científicamente aparecieron problemas todavía más preocupantes.

Parte de la madera había sufrido un ataque de hongos que afectó seriamente a sus propiedades físicas y mecánicas.

Uno de los puntos especialmente dañados fue el sudario. Se habían perdido volúmenes y algunas de estas zonas habían sido reconstruidas anteriormente mediante yeso sujeto incluso con elementos metálicos.

También existían problemas en los ensambles, modificaciones en los brazos, injertos anteriores y numerosas alteraciones acumuladas durante siglos.

La propia cruz que vemos asociada al Cristo tampoco es la cruz original.


🔬 La intervención del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico

Entre 1997 y 1998, el Cristo de los Vaqueros fue estudiado e intervenido en el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH).

La actuación fue precedida de una investigación verdaderamente completa: documentación histórica, radiografías, análisis de policromías, estudio de materiales, identificación de la madera y análisis biológico.

Gracias a estos estudios se pudieron conocer mucho mejor tanto la ejecución original como las sucesivas transformaciones sufridas por la escultura.

🔎 Una curiosidad: aunque el contrato de 1677 hablaba de madera de ciprés, los análisis identificaron el soporte principal como cedrela o falso cedro. La imagen está tallada fundamentalmente a partir de un bloque macizo.


🩹 ¿Por qué no se reconstruyó completamente?

Esta es probablemente la cuestión más interesante cuando nos colocamos delante del Cristo.

A primera vista, un visitante puede preguntarse:

¿Por qué no completaron más las zonas perdidas? ¿Por qué no dejaron una superficie uniforme y perfecta? ¿Por qué conserva ese aspecto tan castigado?

Precisamente porque el criterio adoptado fue conservativo.

Durante la intervención se añadieron las piezas necesarias para garantizar la estabilidad de la escultura y también pudieron reconstruirse algunos elementos cuando existían datos suficientes para conocer con seguridad su forma.

Pero allí donde esa información no existía, se decidió no inventar.

❤️ Una idea fundamental para entender esta restauración

Restaurar no significa completar imaginativamente todo lo perdido. Cuando no sabemos con suficiente seguridad cómo era una zona desaparecida, reconstruirla puede crear una obra que nunca existió. En este caso se prefirió conservar la materia auténtica y hacer únicamente aquellas restituciones justificables.

Es un criterio perfectamente reconocible en la conservación contemporánea: la restauración debe ayudar a conservar y comprender una obra, pero no sustituir al artista.


🤔 ¿Está entonces el Cristo de los Vaqueros “mal conservado”?

Aquí conviene diferenciar dos conceptos.

Una cosa es que una obra tenga una historia material muy accidentada y numerosas pérdidas. Y eso, en el Cristo de los Vaqueros, es indudable.

Otra muy distinta es afirmar que su aspecto actual sea consecuencia de una mala restauración.

Precisamente la intervención del IAPH tuvo como objetivo estabilizar una talla materialmente muy delicada, eliminar elementos que falseaban su morfología, recuperar cuanto era posible de su lectura original y evitar inventar las zonas sobre las que no existía información suficiente.

Por ello, su aspecto actual puede resultar sorprendente a quien espera encontrar una imagen religiosa completamente reintegrada, policromada y visualmente uniforme.

Pero esa sorpresa forma parte de la experiencia de contemplarla.


❤️ Mi mirada: una belleza que no necesita parecer nueva

Reconozco que, al verlo de cerca, el Cristo de los Vaqueros me produjo una sensación compleja.

Estamos acostumbrados en Sevilla a grandes imágenes devocionales perfectamente conservadas, con policromías intensas, superficies cuidadísimas y restauraciones que visualmente pueden resultar muy espectaculares.

Aquí sucede algo diferente.

El Cristo muestra las huellas de lo que ha sufrido. Hay pérdidas, irregularidades y zonas que no se han rehecho buscando una perfección que quizá nunca podríamos justificar históricamente.

Y cuanto más he leído sobre la intervención, más interesante me parece el resultado.

La buena conservación de una obra de arte no tiene que significar necesariamente un estado visualmente brillante. A veces conservar bien significa precisamente aceptar que una parte se perdió y que nosotros, siglos después, no tenemos derecho a inventarla.

Personalmente, el resultado me parece muy bello. No porque el deterioro sea algo deseable, sino porque todavía podemos mirar directamente la materia de una escultura de 1677, reconocer las heridas de su historia y, al mismo tiempo, descubrir detrás de ellas la extraordinaria fuerza de Ruiz Gijón.


⚖️ ¿Un criterio de restauración moderno?

Sí. La filosofía seguida en esta intervención encaja con principios esenciales de la conservación-restauración contemporánea.

Una obra histórica posee no solamente un valor estético, sino también valor documental, material e histórico. Sus transformaciones, daños y restauraciones forman parte de su biografía.

Eso no significa conservar indiscriminadamente cualquier añadido posterior. De hecho, en el Cristo se eliminaron intervenciones que alteraban gravemente la obra original, incluida la repolicromía que modificaba su condición de Cristo muerto.

Pero tampoco significa reconstruir libremente todo aquello que falta.

El equilibrio consiste precisamente en recuperar la lectura de la obra hasta donde permiten las evidencias, estabilizarla y evitar falsificaciones interpretativas.


✝️ Del Cristo de los Vaqueros al Cachorro

Después de comprender todo esto resulta fascinante volver a observar la talla pensando en el joven Ruiz Gijón.

Cinco años después realizaría una de las grandes cumbres de la imaginería barroca europea: el Cristo de la Expiración de Triana.

En Castilblanco ya encontramos algunos elementos de ese lenguaje: la tensión del cuerpo, el estudio anatómico, determinados rasgos del rostro, la forma de trabajar cabello y barba y, sobre todo, esa capacidad de convertir el cuerpo de Cristo en un vehículo extraordinariamente poderoso de emoción.

🎨 Una obra para mirar despacio: el Cristo de los Vaqueros no es simplemente una curiosidad anterior al Cachorro. Es una obra con personalidad propia y, además, una pieza fundamental para estudiar la evolución artística de Francisco Antonio Ruiz Gijón.


🌳 Escardiel: arte, paisaje y devoción

Quizá todo resulte todavía más especial por el lugar en el que se encuentra.

Hay obras que entendemos mejor dentro de un museo. Otras necesitan su contexto.

El Cristo de los Vaqueros pertenece profundamente a Escardiel, a Castilblanco y a este paisaje de la Sierra Norte sevillana.

La ermita, la Virgen de Escardiel, la romería, la dehesa y este pequeño crucificado de Ruiz Gijón forman parte de una misma historia.

Y quizá esa sea una de las razones por las que nuestra visita nos resultó tan especial.


📌 Ideas clave sobre el Cristo de los Vaqueros

✝️ Autor: Francisco Antonio Ruiz Gijón.
📅 Fecha documentada: 1677.
📍 Lugar: ermita de Nuestra Señora de Escardiel, Castilblanco de los Arroyos.
🎨 Iconografía: Cristo muerto, crucificado con tres clavos.
Importancia: obra juvenil de Ruiz Gijón realizada cinco años antes del Cachorro.
🔬 Intervención fundamental: Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, 1997-1998.
🩹 Estado material: sufrió pérdidas, alteraciones, hongos, repolicromías y restauraciones anteriores.
🛡️ Criterio actual: conservación estricta, restituyendo únicamente aquello necesario o suficientemente documentado.

📖❓ Preguntas frecuentes sobre el Cristo de los Vaqueros

✝️ ¿Quién hizo el Cristo de los Vaqueros?

Es una obra documentada de Francisco Antonio Ruiz Gijón. El contrato para su realización fue firmado en 1677 con la Cofradía de Nuestra Señora de Escardiel.

📅 ¿Es anterior al Cachorro de Triana?

Sí. El Cristo de los Vaqueros fue contratado en 1677 y el Cristo de la Expiración, conocido como el Cachorro, fue realizado en 1682. Entre ambas obras existen interesantes semejanzas estilísticas estudiadas por los especialistas.

🪵 ¿El Cristo de los Vaqueros está inacabado?

No. Su aspecto actual responde en gran medida a las pérdidas y alteraciones sufridas durante siglos y al criterio conservativo de su última gran intervención. Allí donde no existían datos suficientes para reconstruir una forma perdida se prefirió no inventarla.

🩹 ¿Por qué parece tan deteriorado?

La imagen tuvo una historia material complicada: cambios de ubicación, ataques de hongos, pérdidas de madera, intervenciones antiguas, yesos, elementos metálicos y una importante repolicromía. La restauración contemporánea estabilizó la obra, pero no pretendió ocultar artificialmente todas las pérdidas.

🎨 ¿Una buena restauración tiene que dejar una imagen como nueva?

No necesariamente. La conservación-restauración actual busca preservar la materia auténtica, estabilizar la obra y facilitar su lectura respetando su historia. Reconstruir zonas de las que no conocemos suficientemente la forma original puede falsear la creación del artista.

📍 ¿Dónde está el Cristo de los Vaqueros?

Se conserva en la ermita de Nuestra Señora de Escardiel, en el término municipal de Castilblanco de los Arroyos, provincia de Sevilla.


📚 Fuentes y documentación

Para preparar este reportaje hemos tenido especialmente en cuenta la investigación histórico-artística y la memoria del tratamiento de conservación y restauración realizada por especialistas del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH), publicada en su Boletín PH.

Este estudio resulta fundamental porque combina documentación histórica, análisis estilístico, radiografías, estudio de policromías, identificación de materiales y el conocimiento directo obtenido durante la intervención de la escultura.

🏛️ Descubriendo el patrimonio menos conocido de Sevilla

En VisitarSevilla.com nos gusta acercarnos también a iglesias, ermitas, pueblos, esculturas y tradiciones que permanecen fuera de los recorridos habituales. Castilblanco de los Arroyos y Escardiel son un magnífico ejemplo.

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Reportaje elaborado por Ignacio Martínez para VisitarSevilla.com, a partir de nuestra visita a Escardiel y de la documentación histórico-artística y de conservación disponible sobre el Cristo de los Vaqueros.

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